En tiempos de alta incertidumbre y en especial cuando esas incertidumbres tienen un origen bélico, donde de por sí la información es estratégicamente opaca, y donde se mezclan ideologías, fobias, filias y política, el ruido opinador del mundo alcanza cotas extremas.

Con la misma facilidad y apariencia de credibilidad puede uno leer un detallado análisis explicando por qué, a pesar de la derrota militar de Irán, éstos tienen la sartén por el mango de la actual crisis, jugando con el control del estrecho de Ormuz y el precio del petróleo, que uno puede leer el informe contrario, igual o aún más detallado que el anterior, señalando que en realidad Trump está interesado en que no se arreglen en tiempo y forma las cosas en el estrecho, porque eso favorecería de forma relativa a Estados Unidos, país que depende considerablemente menos del flujo de petróleo en Oriente Medio.

En resumidas cuentas, la realidad es que nadie sabe nada. Por muy estupendo y sabido que se pueda poner uno, esa es la dura realidad. Entonces ¿qué nos queda? En mi criterio, cuanto menor fiabilidad presenta la información en un momento dado, más se ha de simplificar la toma de decisiones y más principios básicos se han de utilizar.

Eso hace que, ante la ignorancia absoluta de cómo se va a desarrollar la guerra y, casi más relevante, ante la ignorancia absoluta de cómo reaccionará a los cambiantes acontecimientos el rimbombante inquilino de la Casa Blanca, mi respuesta es no hacer nada en base a titulares o noticias.

Me encantaría tener la capacidad de leer un titular y en base a ello pronosticar qué ocurrirá en el futuro inmediato y tomar decisiones tácticas de inversión al momento, como si fuera un mago de Wall Street. Pero no tengo esa capacidad y dudo que nadie la tenga para aplicarla de forma sistemática a lo largo del tiempo.

Por ello, la pasada semana, a pesar de explicar los llamativos paralelismos entre el mercado bajista y recesión de 1973-1974 con el periodo actual, donde se parte de una situación de mercado caro y donde se está produciendo un shock exógeno en el precio de la energía, mi conclusión fue de que lo único que podía hacer es "intentar abstraerme del ruido de las noticias del día a día y seguir indicadores económicos y bursátiles lo más objetivos posible".

Como si la guerra no existiese. Como si fuera un alienígena observando desde el exterior el mundo y los mercados, sin saber exactamente cuáles son las noticias concretas y sólo siguiendo los acontecimientos según los hechos que se producen en la economía y los mercados y no según los sesgados y esquivos titulares y análisis que genera toda guerra.

Y desde esta perspectiva propia, sólo existe una alerta roja confirmada pero aislada, lo cual no es suficiente para un cambio importante de postura. Sigo siendo un alcista escéptico, pero alcista. Para lo bueno y para lo malo, me debo a los datos que sigo habitualmente.

La sorprendente poca caída del mercado

De momento, el primer "soporte" o nivel de interés técnico existente, es el de los 6.550 puntos en el índice S&P 500. Conecta varios mínimos a lo largo de unos 6 meses y se encuentra por debajo de la muy seguida media de 200 sesiones. A partir de ahí podría llamar a la acción del mercado como correctiva, porque hasta ahora sólo hemos asistido a una fase lateral, relativamente prolongada.

S&P 500 en base diaria y sus medias de 50 y 200 sesiones. Se señala el nivel de los 6.550 puntos.

Una de las paradojas del momento actual, y los mercados siempre están llenos de paradojas circulares, es que una guerra que sobre el papel tendría que haber provocado una mayor sorpresa negativa en las bolsas, apenas ha conseguido que hasta el cierre de ayer miércoles, el índice S&P 500 haya cerrado un -5,08% desde máximos históricos.

Típicamente, y sin duda de una forma arbitraria, siempre he denominado a una caída menor al -5% como un mero movimiento "peristáltico" del mercado y que una corrección menor sería algo entre un -5% y un 10%, para el caso del muy diversificado índice S&P 500. Así, hasta hace dos días el mercado no había ni corregido, a pensar de la intensidad de los titulares y sólo desde ayer ha entrado en lo que por ahora es una "corrección menor".

No lo puedo asegurar, pero diría, y creo que hay hasta consenso sobre esto, que la causa de que aún no se hayan observado caídas más agudas en las bolsas, se debe, por un lado, a que en el corto plazo las coberturas bajistas han sido masivas, lo cual retrasa que el mercado pueda poner precio a las noticias negativas y, sobre todo, a que la administración Trump ha conseguido satisfactoriamente y hasta la fecha, el crear la expectativa de que la guerra sería breve y que en cualquier momento, en uno de sus giros de guion, podría dar por acabada la guerra, haciendo que el mundo pudiera volver a la normalidad. O al algo que se le pareciera.

Los gestores de activos, se han cubierto (o dejado de exponer) con futuros sobre el índice S&P 500 al mayor ritmo desde la pandemia.

De momento, a Trump le ha salido redondo el negocio, y hasta creo que él mismo está sorprendido con lo bien que han aguantado las bolsas estadounidenses. Pero esto, paradójicamente, para un presidente que tiende a utilizar el mercado de valores como barómetro de su gestión e imagen, probablemente haya provocado que la guerra siga su curso, porque Trump aún no ha sido golpeado en uno de los sitios donde más le duele.

Con ello, y esta es la paradoja, que el mercado caiga y entre en corrección de verdad poniendo "nervioso a todo el mundo", incluido a Donald Trump, probablemente es lo mejor que le puede ocurrir a la paz mundial. Un caso clásico donde, para ir a mejor, primero hay que ir a peor en los mercados.

Por supuesto, el gran riesgo es que si llega esta "corrección de verdad", digamos un -10% o un -15%, lo que en primer lugar hubiera sido completamente esperable dada la magnitud del evento geopolítico en el que nos encontramos, es diferenciar si solo es una corrección o el principio de un mercado bajista. Es ahí, en mi opinión y según mi método de análisis, donde está la verdadera dificultad. El momento clave y difícil de separar el grano de la paja.

Y, como digo, para llegar a ese tipo de opinión, observaré lo que siempre observo: comportamiento interno del mercado, amplitud de mercado, niveles clave o tendencia y, no menos importante, evolución de la economía. No tengo herramientas mágicas, solo lo que siempre he utilizado.

Nuevas solicitudes semanales de ayudas por desempleo en EE.UU. (paro) o por su nombre en inglés "initial claims". De momento no se observa crisis aguda en el mercado laboral estadounidense.

Una FED paralizada por la incertidumbre

Ayer la Reserva Federal de los Estados Unidos publicó su decisión sobre los tipos de interés oficiales, donde no se produjo cambio alguno (3,5%/3,75%), y a continuación tuvo lugar la habitual rueda de prensa del presidente Jerome Powell.

En dicha conferencia la frase estrella de Powell fue la de "las implicaciones [económicas] de los eventos en Oriente Medio son inciertas". Una frase que lo resume todo. Nadie sabe nada y la FED tampoco.

Primero, porque los eventos son muy recientes y, sobre todo, porque la FED está sujeta a la misma incertidumbre que el resto de inversores. No es lo mismo que la guerra termine enseguida y el precio del petróleo se venga abajo de forma veloz, que la incertidumbre se extienda en el tiempo y el precio del oro negro no baje haciendo que la inflación no solo suba, sino que se mantenga enquistada.

La FED, a la fuerza en tanto que órgano burocrático y colegiado, necesita tomar decisiones en base a datos lo más tangibles posible. Sobre todo, porque está forzada a evaluar el impacto de sus decisiones en materia de política monetaria, tanto en la inflación como en el empleo. Y recordemos que el empleo sigue débil y que subir tipos de interés puede terminar de hundirlo, ahondando una recesión económica. No tiene un trabajo fácil la FED, no.

Si la FED solo tuviera que actuar según la inflación, ya habría subido ayer los tipos de interés, pero como es sabido que un shock inflacionario es desinflacionario a medio plazo porque suele crear una recesión económica, la FED se encuentra en esa parálisis, esperando a ver datos reales y no solo la subida del precio del petróleo. De hecho diría, que para la FED influye más lo que haga la bolsa que el petróleo. Pero esta es mi opinión.

El repunte de las materias primas (en magenta variación interanual índice GSCI Commodity Index), con fuerte peso de las energéticas, garantiza que la inflación (en negro, inflación interanual) vaya a repuntar en los próximos meses. Pero la incertidumbre es si es un repunte puntual o no.

En resumen. Hasta el momento las bolsas se han mantenido con mucha más fuerza de la esperada, principalmente por la expectativa creada por Trump de que esta guerra será breve. Y, paradójicamente, que esté teniendo éxito en crear esa expectativa, es lo que está haciendo que Trump aún no se achique. De tal manera, que si la corrección fuera a más, probablemente la paz llegaría antes y la tendencia alcista de fondo podría continuar su camino.

Sí, a veces es así, para que la tendencia continúe el mercado a veces necesita corregir de verdad.

La pregunta actual es ¿por dónde se romperá esta paradoja circular? No lo sé, pero será interesante verlo. Eso sí, mientras haya crecimiento económico, mi sesgo general seguirá seguir siendo alcista. Escéptico pero alcista. Soy esclavo de los datos.

Compartir