Los paralelismos con la Crisis del Petróleo y mercado bajista de 1973 (-50%)
No soy fan de tratar de hacer paralelismos históricos con pretensión de que sean precisos. Pero en 3 elementos 2026 se parece mucho a 1973.
No soy fan de tratar de hacer paralelismos históricos con pretensión de que sean precisos. Pero en 3 elementos 2026 se parece mucho a 1973.
Llevo tiempo explicando que el mercado estadounidense actual alcanzó el estatus de burbuja, o si se prefiere de mercado sobrevalorado.
Tanto es así que en febrero de 2024, hace dos años, publiqué el análisis «Estamos en una gigantesca burbuja, pero sigo alcista (lo explico)», en donde expliqué que este es el mercado más caro de los últimos 50 años, junto con la burbuja tecnológica de 2000 y la burbuja de las Maravillosas 50 (Nifty Fifty), de finales de los años sesenta y principios de los setenta, que terminó de explotar en 1973 por culpa de la Crisis del Petróleo de aquel año, cuando la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidió no exportar más oro negro a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kipur.
Aquella crisis energética se prolongó durante 5 meses y fue el factor exógeno que comenzó a pinchar aquella burbuja de las Nifty Fifty, provocando un mercado bajista del -50% y décadas de peor comportamiento relativo de esas Maravillosas 50 con respecto al resto del mercado.

Más precisamente, el mercado hizo techo en diciembre de 1972 y se pasó 10 meses en una fase lateral / correctiva del -10%, hasta que en octubre de 1973 se desató la Crisis del Petróleo y acabó de hundir los mercados en uno de los mercados bajistas más viciosos de todos los tiempos.

Como se puede ver, la situación actual guarda hasta tres paralelismos desconcertantes con aquella crisis de hace 53 años.
Primero, se parte de un mercado extraordinariamente sobrevalorado, lo cual crea la condiciones necesarias para que "a continuación" llegue un periodo de rentabilidades inferiores o muy pobres.
Segundo, las condiciones de mercado no cambiaron porque las empresas caras dejasen de ganar dinero per se, sino porque un shock exógeno, un fuerte e inesperado repunte del precio de la energía, hizo que el mercado pasara de cotizar un mundo perfecto, a cotizar un mundo con elevada incertidumbre.
Y, tercero, este shock de oferta en el petróleo, se produce tras una fase lateral de varios meses. En 1972 de hasta 10 meses y ahora tras un lateral de casi 6 meses de prolongación, que se está dando con señales clásicas de final de ciclo y hasta con una alerta roja de mercado bajista.
Ahora bien, aunque hay tres llamativas coincidencias que nos obligan a contemplar un escenario como el de 1973-1974, también hay diferencias. La primera es que el déficit fiscal era casi nulo en aquellos años y ahora es propio de fases de recuperación tras grandes crisis, lo cual hace más difícil que la economía entre en recesión.

Tal y como ha venido ocurriendo durante los últimos años, la pregunta sigue siendo ¿realmente se puede entrar en recesión con el gobierno federal gastando como si no hubiera mañana? Recordemos que en 2022, en lo que estadísticamente fue la recesión más pronosticada de la historia, la misma nunca llegó porque, a pesar de la veloz subida de tipos de interés oficiales por parte de la Reserva Federal, la economía aguantó gracias al déficit fiscal propio de periodos de guerra.
La segunda gran diferencia se llama Donald Trump. Al que teóricamente era un anti belicoso presidente, en su segundo y previsiblemente último mandato, se ha vuelto fan de ejercer el poder militar a lo grande y ha decidido meter mano en el avispero que es Oriente Medio, se ve que por influencia de Israel.
La diferencia de ahora con 1973, es que el errático presidente Trump puede decidir de un momento a otro que la operación militar ha llegado a su final. De hecho, cada vez que sugiere que la guerra durará poco, el mercado rebota.
Es cierto que esta guerra es cosa de dos y que mientras duren los ataques Irán está interesado en seguir estrangulando el estrecho de Ormuz, por donde pasa buena parte de las exportaciones de petróleo y gas natural a nivel mundial.
Pero sería poco realista pensar que si Trump se retira, Irán seguirá haciendo la guerra por su cuenta, toda vez que el más perjudicado es su gran socio comercial y espiritual, China. Irán está luchando por su supervivencia y si EE.UU. para en su ataque, ellos pararán y lo probable es que vuelva cierta estabilidad a la región.

¿Qué ocurrirá entonces? Este es el tipo de cosas que, a no ser que estés en la Casa Blanca, sabemos que no sabemos. Se trata de un pulso económico. Irán pretende elevar y mantener elevado el precio del petróleo lo máximo posible, para generar un fuerte incentivo negativo para evitar que Estados Unidos prolongue su guerra tratando de buscar un cambio de régimen. Y, por su lado, el mundo occidental y sus aliados están tomando medidas para frenar esas subidas, como darle salida a las reserves estratégicas de petróleo.
La pregunta no es quien se retirará antes de este pulso, ya que a Irán le va la vida en ello. Si no en que punto, Donald Trump, un presidente que odia que el mercado de acciones baje porque lo considera el barómetro de su éxito, dejaría de jugar a ese pulso. ¿Puede más barómetro del ego de Trump que es el mercado de acciones o puede más su ego de que esta guerra la tiene que ganar para pasar a la historia?
Mientras tanto, cada mes que pase «cerrado» el estrecho de Ormuz, el precio del petróleo se irá encareciendo y con ello elevando las probabilidades de recesión económica, que en definitiva es lo que puede hacer que el mercado de acciones sufra un gran mercado bajista. A diferencia de una guerra convencional, parece ser que Irán pueden mantener "cerrado" el estrecho de Ormuz a base de drones baratos lanzados de forma casi indetectable.


Aunque mi opinión, expresada recientemente, es que el mercado de trabajo por fin parecía estar saliendo de las sombras creadas en 2025, también por las políticas erráticas de Donald Trump con los aranceles aplicados a terceros países, lo cierto es que un nuevo bache económico, esta vez en forma de precios de la energía disparados, podrían crear dicha recesión. Al fin y al cabo, el empleo estaba saliendo de la sombra pero en general era débil y, con permiso de déficit fiscal, siempre puede ir a peor si las cosas a nivel geopolítico no se resuelven de forma rápida.

El mundo es complicado. Y más en el errático y sorpresivo mundo de Donald Trump. Y el futuro, siempre esquivo de pronosticar por sí mismo, se vuelve todavía más escurridizo. Es por este tipo de cosas que siempre digo que la mejor forma de invertir para la mayoría, e incluso para la mayor parte de la cartera de la minoría que sigue los mercados muy de cerca, es siguiendo reglas sistemáticas y predefinidas como lo es la estrategia Super Trends.
Dicho esto ¿Cómo afronto una situación tan contradictoria donde tantos factores se oponen y pueden desactivarse o activarse a golpe de declaración? Pues intentando abstraerme del ruido de las noticias del día a día y siguiendo indicadores económicos y bursátiles lo más objetivos posible, como siempre trato de hacer.
Por ejemplo, a nivel técnico tenemos una alerta roja de mercado bajista activada, por el mal comportamiento interno del mercado desde principios de febrero (por cierto, ¿ya sabía parte del mercado la que se venía?).
Pero para darle credibilidad, se tendrían que sumar otros indicios bursátiles, como la entrada de la amplitud de mercado en "terreno negativo", o que el número de nuevos mínimos anuales o de 52 semanas se dispare. De momento no estamos ahí. Para que se generen este tipo de señales negativas, se tendría que observar un mayor deterioro.


A estos factores técnicos, además se tendrían que sumar factores macroeconómicos. Ver algo que nos indique que la economía efectivamente se ha enfriado y que haría probable que la tendencia bajista fuese a prolongarse por más tiempo.
Aunque hay varias métricas a observar, una clásica que siempre menciono es el dato de nuevas solicitudes de ayuda por desempleo en EE.UU. (initial claims). Para mí, este dato es como un electrocardiograma que te señala si la economía está entrando en barrena o no. De momento esta última semana ha seguido tan tranquilo como en los últimos años, pero lecturas sostenidas por encima de las 265.000 nuevas solicitudes semanales, sería una fuerte alerta roja. Alerta roja macroeconómica que unida a alertas rojas técnicas, generaría una señal bajista de alta probabilidad.

O, por supuesto, con indicadores líderes o adelantados realmente útiles como el de la OCDE para el G7. Si la economía se va a enfriar desde aquí porque Trump continua su pulso y no se retira del escenario bélico, esto se va a hacer observable en este indicador adelantado.

Este tipo de indicadores adelantados como el de la OCDE, son extremadamente interesantes porque están diseñados para detectar los cambios de las fases de aceleración y desaceleración económicas a nivel global, algo que suele correlacionar de forma notable con las tendencias de los mercados bursátiles.
Pero son aún más interesantes porque son herramientas que objetivan nuestra observación del mundo. En entornos de alta incertidumbre como lo son la geopolítica global en guerra y unos mercados donde se contraponen factores de gran peso, que nos dificultan decidirnos por uno u otro escenario, el encontrar herramientas lo más objetivas posibles, es prácticamente el único recurso que nos queda.
Y si a un indicador le sumamos otros múltiples indicadores más o menos objetivos, entonces, por supuesto no tendremos el Santo Grial, el cual no existe, pero sí estaremos tomando decisiones basadas en datos que históricamente nos han dado señales de alta probabilidad.
Es eso o dejarse llevar por los titulares del momento, lo cual no suele funcionar muy bien.